En este día 29 de agosto, Stara completa 66 años de fundación. Son 66 años de una historia construida con positividad, sencillez y dedicación, marcada por el trabajo de personas comprometidas con la innovación y la evolución constante. Una trayectoria de desarrollo que transformó un pequeño taller en un empresa reconocida en el mercado de máquinas agrícolas en Brasil y en el mundo.

A lo largo de esas más de seis décadas, muchas personas dedicaron su trabajo, conocimiento y confianza a la construcción de Stara. Son historias que son parte de la esencia de la empresa y ayudan a destacar los valores que continúan presentes en la forma de ser de Stara.

Por eso, en este aniversario, Stara recuerda un capítulo decisivo de su historia y rinde tributo a alguien cuya confianza en las personas y en el futuro de la empresa dejó un legado que permanece vivo hasta hoy: Franciscus Johannes Stapelbroek, Don Chico.

El legado de Don Chico en la historia de Stara

Stara nació en una pequeña casa de madera, localizada en el corazón de Não-Me-Toque. Junto con el ruido del fierro y el olor de la tierra, las ganas de hacer algo diferente invadía el ambiente, inspirando nuevas ideas y la mirada al futuro.

Si al comienzo el objetivo era montar y adaptar al suelo brasileño el equipamiento que llegaba del exterior, en poco tiempo, los propios productos comenzaron a ser proyectados y fabricados. De esta manera, en la década del 70, la empresa fabricaba subsoladores, gradas, tolvas agrícolas y camas de hospital, además de la cultivadora guiada, la primera con brazos flotantes de Brasil.

Con ello, el espacio del pequeño taller se hizo insuficiente para cumplir los pedidos, lo que motivó la ampliación de la estructura fabril. Así, en 1978, Stara transfirió sus actividades para una nueva edificación.

Para hacer viable esa importante construcción, la empresa asumió préstamos indexados al dólar. Este hecho, asociado a la crisis que asoló la economía brasileña algún tiempo después, llevó a Stara a enfrentar dificultades financieras al comienzo de la década de los 80. La deuda creció de tal forma que la empresa casi declaró bancarrota. 

Empleado de Stara desde 1979, Euclésio da Silva, recuerda las dificultades que la empresa enfrentó en aquella época. "Stara tenía alrededor de 120 empleados. Con aquella crisis, hubo despidos y la plantilla se redujo a tan solo 22 personas. Nos quedamos casi 11 meses sin recibir remuneración. La empresa prácticamente cerró. Entrábamos aquí para fichar la entrada, ni encendíamos la luz porque no había nada para hacer. Nos quedábamos jugando cartas", comenta, afirmando que permaneció en la empresa porque podía contar con la ayuda de su familia. "Suerte que yo era soltero y que vivía con mis padres", destaca.

A pesar del sentimiento de duda, Euclésio recuerda que las conversaciones esporádicas que tenía con Franciscus Johannes Stapelbroek —cariñosamente llamado de Don Chico— le hacía creer en la recuperación de la empresa. "Cuando nos encontrábamos a Don Chico, él siempre decía: un día todo esto va a pasar. Y lo primero que nos preguntaba era cómo estaba la familia. Él no se olvidaba de nuestra familia, aun sabiendo que vivíamos en aquella crisis, en aquella situación. Eso me marcó mucho", recuerda.

Una decisión que cambió la historia

Como nos cuenta Euclésio, fue justamente Don Chico que, en aquel momento de dificultad, apostó por Stara, volviéndose su mayor colaborador y apoyador. Hijo del fundador de la marca, este comenzó su trayectoria en la empresa aún en los primeros años, pero decidió salir de la sociedad para ir en busca de un propósito particular: ser agricultor. 

Al final, su vínculo con la tierra, cultivado desde niño, siempre fue más fuerte. En entrevista a la revista conmemorativa a los 39 años de Stara, publicada en 1999, él expresó con claridad ese sentimiento. "Me gusta mucho la tierra, la naturaleza, me siento realizado sembrando. No veo la agricultura tan solo como un medio de ganar dinero, me gusta profundamente la actividad y me realizo con las personas que trabajan conmigo".

Impulsado por el amor que nutría por el campo y por su instinto emprendedor, Don Chico se volvió un productor respetado en la región. Así, en 1982, consciente de los problemas enfrentados por la empresa, decidió invertir sus ahorros en Stara para mantener vivo el sueño de su familia. "La industria está vinculada a la agricultura y este ramo hace parte de la historia de nuestra familia. Después de haber entrado con el capital, para ayudar a la empresa a pasar por una fase difícil, hoy estoy muy satisfecho de haberlo hecho" aseguró en la misma entrevista.

Con el pasar de los años, aun sin trabajar directamente en la gestión de la empresa, Don Chico dejó su marca por medio de la experiencia administrativa y de la visión estratégica, contribuyendo con orientaciones financieras y, sobre todo, con la sabiduría de colocar a las personas correctas en los lugares correctos. En un video preservado por el Archivo Stara, él compartió su visión sobre el verdadero pilar de una organización: "Lo esencial es la parte administrativa, saber administrar, saber dirigir a las personas que trabajan contigo. Los empleados son las piezas más importantes".

Entre las personas correctas que él trajo para la empresa estaba Gilson Lari Trennepohl, su yerno. Aunque reconociese el potencial de aquel joven lleno de sueños y ganas de trabajar, Don Chico tal vez no imaginaría que, con ese gesto, estaría ayudando a moldear el futuro de Stara. Así, el incentivo y la confianza abrieron espacio para una nueva era, que uniría la experiencia del pasado a la audacia de lo nuevo, transformando una industria modesta en la mayor referencia en tecnología agrícola del país.

Presencia que inspira la forma Stara de ser

Representado en frases y fotografías dispersadas por los corredores de Stara, en todas sus unidades, el legado de Don Chico permanece vivo, haciendo eco en el cotidiano de la empresa, incluso entre aquellos que no tuvieron las oportunidad de conocerlo. Más que preservar la historia y el ejemplo de quien ayudó a transformar la trayectoria de la marca, esa presencia simbólica refuerza, día tras día, la filosofía y el propósito que siguen guiando el camino de Stara.

Pronunciadas de forma genuina, muchas de las frases dichas por Don Chico reflejan los valores que orientan la forma Stara de ser. "Las cosas más bonitas del mundo son gratis", por ejemplo, exalta la virtud de la sencillez y la importancia de reconocer el valor de aquello que no tiene precio. Ya la frase "La familia es la base de todo, tanto que hasta el pájaro en la naturaleza busca su nido" revela la mirada humana y acogedora que inspira a la empresa, un cuidado constante con el bienestar de los empleados y de sus familia, sustentado por el respeto y por la valoración de las personas.

Las lecciones dejadas por él también hacen evidente la integridad, exaltando la importancia de trabajar con ética, humildad, responsabilidad y consciencia en cada acción. "Hay que vivir bien con la familia, con los amigos y ser absolutamente honesto. Creo que esa es la esencia", aconsejaba Don Chico.

Algunas de ellas, aún, vislumbran el futuro, expresando la visión de quien sabía ver más allá. "Con los pies en el suelo, Stara debe crecer más, pues hay gente muy buena allá dentro", dijo Don Chico cierta vez. Hoy, ese presentimiento se confirma a cada conquista, probando que el progreso florece de quien cree en las personas, tiene la dedicación como pilar y mantiene las raíces firmes en su esencia, incluso con la mirada dirigida al horizonte.